Ser agradecido no limita dejar de ser crítico en las reflexiones del terremoto de hace un año. ¿Qué salió mal y por qué? Es una pregunta aun vigente para los sobrevivientes del siniestro. La impunidad del desarrollo inmobiliario ni se inmuta ante el destape de la corrupción detrás de los Directores Responsables de Obras certificados, las licencias de construcción, los permisos de intervención, las inspecciones de protección civil… todo chueco como siempre en los negocios entre inversionistas ambiciosos y autoridades negligentes.

 

Doce meses después:

 

¿Cuántos responsables enfrentan las consecuencias por los derrumbes y las muertes?

 

Los ocultos atlas de riesgo que siempre están en elaboración, ¿estarán disponibles algún día?

 

¿Los funcionarios del PRD ahora en MORENA tendrán el valor para reconocer el desempeño mostrado por la ciudad que han gobernado por décadas?

 

¿Qué catástrofe debemos enfrentar para que la capital cuente con un plan maestro para emergencias?

 

Quiénes ayer levantaban la mano y expresaban su orgullo por el Fuerza México, ¿son hoy los mismos polarizados entre obradoristas y antiobradoristas?

 

¿En verdad despertó un nuevo México movilizado por una sociedad unida o volvió a dormirse en los recuerdos de sus episodios de historia?

 

Así como existen relatos o -verdades históricas- que la gente rechaza, como lo ocurrido con los estudiantes desaparecidos en Iguala del 2014. Existen también verdades históricas ampliamente aceptadas porque enamoran, porque son el romance de una historia que muestran la mejor versión de la realidad mientras matizan los yerros de nuestra propia humanidad. Eso es justamente la historia del 19 de septiembre del 2017.

 

Recordemos tan solo los mitos mal logrados de la prensa con los niños fantasma de Monchito y Frida Sofía. Pensemos en manos de quién quedó la decisión de agotar recursos y voluntad donde no había nada por rescatar. Sépase que las toneladas de ayuda y voluntarios fueron concentrados en donde alguien o algo pudiera lucirse frente a la opinión pública, en vez de diversificarse entre el amplísimo espectro de damnificados.

 

Salir a la calle los días posteriores sí era atestiguar viñetas de enorme humanidad entre los habitantes; aunque indignaba ver pasar las ayudas y hacerlas notar ante quienes, por mínimo que fuera, necesitaban una botella de agua, un abrazo, algo de solidaridad y manos para levantar lo poco o mucho que hubieran perdido. No era el Rébsamen, no era la Roma o la del Valle pero carajo, también necesitaban apoyo.

 

Las desgracias son momentos oportunos para las muestras de dignidad como de mezquindad. De esto último hubo muestras tangibles que van desde instituciones públicas desviando dinero destinado a la reconstrucción hasta el egoísmo de personas idiotas que contribuyeron a alimentar el temor y la incertidumbre.

 

Lo bueno y lo malo que dejó este episodio llevará años asimilarlo. Ojalá sirva para mejorar nuestra capacidad de sobrevivencia. Superar la adversidad no solo de un fenómeno natural sino de las condiciones sociales y políticas sería de las mejores consecuencias que podríamos encontrar. Mientras tanto las cámaras, la atención y el recuerdo estarán sobre los puños alzados teniendo al fondo banderas desgarradas.

 

Yo recordaré todo, la luz y la oscuridad, lo emotivo y lo insensible.

 

#CreemosCambio

Maestro politólogo, consultor independiente y asesor político

 

Cargar más artículos relacionados
Cargar más Por Rodrigo Mariaud
Load More In Acontecer Político Nacional
comentarios estan cerrados

también puedes ver

Acción Nacional: reconstruyendo entre ruinas

Iniciamos la semana conociendo el más reciente movimiento al interior de lo que queda delP…