Iniciamos la semana conociendo el más reciente movimiento al interior de lo que queda delPartido Acción Nacional. Meses atrás supimos las intenciones de Marko CortésMendoza y Manuel Gómez Morín por renovar su estructura, postulándose a lapresidencia del partido y acompañando la renovación de veintisiete comitésestatales en territorio nacional.

Hoy sabemos que Marko Cortés resultó ganador de la elección interna. Las condiciones que encuentra el PAN tras la elección del 1º de julio pasado recuerdan la frase: “de lo perdido, lo recuperado”. Sin embargo, Acción Nacional ha venido perdiendo presencia en la democracia representativa desde el 2012.

Con dos pésimas candidaturas presidenciales protagonizadas por Josefina Vázquez Mota y Ricardo Anaya, con una división constante entre sus cuadros militantes, con caciques regionales administrando patrimonialmente el capital político y económico del instituto, con simpatizantes enajenados por una época a varias décadas de distancia, con dirigentes ambiciosos que ayer defendían la elección de Felipe Calderón y ahora operan bajo la marca de López Obrador.

Por muchas razones el PAN es un fracaso que el propio panismo se niega a aceptar. Su respuesta intransigente frente a los cuestionamientos se repite: “así lo hemos hecho los últimos veinte años”. Obstinados en ver experiencia donde sólo existe costumbre, el panismo vive de su recuerdo como la oposición democrática que alguna vez fue frente al viejo priismo. Ambos siendo piezas de exhibición dignas de un museo, pero ninguno de ellos vigente para la escena política actual.

¿Quién podría sorprenderse que las renuncias al partido continúen acumulándose? Inclusive Felipe Calderón renunció el domingo de la elección, anunciando que trabajará en la fundación de un nuevo partido basado en ideas sobre la libertad. Lo cierto es que Acción Nacional pudiera no haber tocado fondo aún. Las elecciones intermedias serán la métrica con la que será confirmado si el partido azul dejó de ser grande para ser una representación de nicho, ampliamente superada por la realidad de las preferencias electorales.

Lamentable es que una identidad en el espectro político se diluya por la incompetencia de direcciones mal logradas, patronazgos, políticos soberbios, la comodidad de una generación de panistas ajenos a la conquista del voto y de la competencia por democratizar espacios. Una generación de engreídos que entraron a escena cuando su partido estaba encumbrado en el poder. Se acostumbraron a la ley del mínimo esfuerzo, adoptando el hábito de mediocridad que solían denunciar en el partido hegemónico.

Con un MORENA afianzado en el primer lugar de preferencias y en busca de expandirse hacia la otra mitad del país, el reto del PAN por volver a ser un protagonista luce bastante complejo. Quizá pasó el momento de los partidos que forjaron la alternancia desde 1988 hasta el 2000. Quizá el momento es para nuevas franquicias que vienen actualizando las plataformas para un electorado también generacionalmente renovado. Quizá exista un espacio por explotar en caso que el expresidente Calderón reaparezca bajo una nueva marca.

Mientras tanto, el blanquiazul ya solo es un recuerdo de lo que alguna vez fue. Un desastre magistralmente logrado y que según parece, los militantes que restan continúan enajenados en rematar con malas decisiones. Citando sus mismas palabras: “llevan veinte años haciéndolo”.

#CreemosCambio

Maestro politólogo, consultor independiente y asesor político

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