Llevamos dos meses transcurridos desde el cambio de gobierno y la nueva administración ha comenzado a enfrentar sus primeros retos en materia de seguridad, energía y gobernabilidad (bajo un par de escenarios en entidades de la república). Siendo el robo de combustible el problema que combina tanto energía y seguridad, así como la iniciativa insignia en la cual la presidencia intenta renovar la legitimidad conseguida en la elección.

Sobre este último tema mucho se ha dicho, pero nada se ha resuelto. Los efectos de una supuesta estrategia que ha mutado día con día son conocidos por la mayoría de los habitantes del país: un Guanajuato paralizado, un Jalisco que parece pagar un revanchismo político, una Ciudad de México favorecida por el color de un partido, un Nuevo León siendo alcanzado por el desabasto en días recientes, un Hidalgo que pese a la tragedia mantiene constante el sabotaje y un Puebla silencioso en la incertidumbre política.

Al interior del relato existen un par de protagonistas cuyo desempeño al frente de las dependencias, en principio responsables, ha dejado mucho qué desear. Por un lado, está Rocío Nahle (Secretaria de Energía) y por el otro, Octavio Romero (Director de Pemex). Ambos han tenido la función de respaldar la intención de la Presidencia a través de argumentos técnicos y experiencia.

No obstante, en el ejercicio de su cargo las explicaciones han sido rebuscadas, contradictorias e incoherentes por decir lo menos. En estas líneas me centraré particularmente en la titular de Energía ya que el ambiente politizado de declaraciones y reproches los trajo ella misma desde sus cargos previos en la política de partidos.

Recién se agudizaba el desabasto de combustible y de la funcionaria solo supimos sobre su afición a los Pumas de la UNAM, a través de la principal actividad pública que mostró en la etapa previa: tuitear. Después secundó al Presidente defendiendo una -estrategia- tras la decisión de cerrar los ductos… la cual presentaron tres semanas después de haberla ejecutado (y si diseccionamos la -estrategia-, de estratégico tiene menos que manifiesto de intenciones).

En el peor momento lució por su inacción frente a las largas filas para abastecerse en estaciones. Las cuales también desconocían los criterios en la cadena de suministro a través de las pipas o las intermitencias la circulación de los ductos. De la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México vino una útil aunque ingenua sugerencia para cargar conforme al engomado de la placa (¿razonamiento tan simple no pudo ocurrirse en la oficina federal?).

Reiteraron su -estrategia- enfatizando la distribución mediante pipas. Las cuales fueron señaladas por su costo catorce veces mayor a los ductos, la ausencia de infraestructura de almacenamiento, la mayor facilidad del robo de vehículos y en última instancia, el plazo de equipamiento, certificación y logística del transporte de combustible regulado por legislaciones nacionales.

También debemos agregar la compra discrecional de pipas en el extranjero que el Gobierno de México realizó, pese a omitir legislaciones, normas y procedimientos como lo mencioné en la línea anterior. Además, no fue suficiente asignar un responsable. Tuvieron que acudir tres Secretarios de Estado a negociar la compra, entre las que se incluyó la Secretaria de la Función Pública quién olvidó (o no sabe) que tal dependencia supervisa el proceso con el que se dan esa compras, no las concreta. Si el auditor firma también los cheques, podemos imaginar la clase de transparencia que tendremos.

Tal como lo pregunta el periodista financiero David Páramo: ¿cuántos funcionarios se necesitan para cambiar un foco?

Ya ni hablar de la ocurrencia que tuvo de lanzar una aplicación que informara los precios y abastecimiento de combustibles en la red de estaciones… siendo que la Comisión Reguladora de Energía cuenta desde hace años con una aplicación que ya lo hace (Gasoapp). Ironía que uno de los organismos autónomos a los que amenazó con enajenar le lleva una amplia ventaja a su -estrategia-.

Revisando puntualmente las pifias acumuladas por Nahle encontramos un desempeño que va de lo mediocre a lo ridículo. ¿Puede con el trabajo o en dos meses consumió su energía? La lógica prueba-error es la única secuencia que podría describirse en la evolución de las reacciones del gobierno federal.

El reto es mayúsculo y los componentes no están rindiendo. Quizá es tiempo de ponderar la continuidad de la Secretaria de Energía en los mismos términos que ella lo declaró: “lo que sea necesario”.

Rodrigo Mariaud

Maestro politólogo, consultor independiente y asesor político

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