Ayer se dio a conocer que la calificadora crediticia internacional Fitch Ratings degradó dos niveles la calificación de Petróleos Mexicanos, pasando de BBB+ a BBB- y dejándola con una perspectiva negativa hacia la pérdida del grado de inversión.

En términos simples lo que esta calificación describe es el riesgo que corren las inversiones frente a las condiciones de pago de PEMEX. Esto quiere decir que a menor calificación el riesgo de impago es mayor y el indicador que generan las calificadoras sirve para advertir tanto a tenedores de bonos sobre el desempeño financiero de la entidad en cuestión.

Pareciera que la situación del robo de combustible y la intervención del gobierno federal durante el último mes determinan la calificación (ciertamente contribuyen como variable). No obstante, los especialistas señalan que la evaluación tiene que ver con la inmensa improductividad y endeudamiento que acumula la empresa productiva del Estado.

PEMEX es una empresa en quiebra, no hay más explicación. Su producción de barriles ha caído año con año al punto de tener refinerías fuera de operación como el caso de Salamanca. Se sabe de piratas en altamar robando embarcaciones y saboteando plataformas petroleras en total impunidad. No existe una infraestructura suficiente de almacenaje para servirse de una importación libre de combustible. La mezcla mexicana no es de calidad y no existe capacidad de refinación para la demanda de gasolina en el país.

De la actividad criminal al interior del sindicato petrolero ni hablar. La pasividad de los resultados de las rondas de exploración y en la inversión extranjera no ayudaron a sostener los argumentos de la reforma energética. Los pasivos de la empresa son bastantes, los activos que le quedan son producto de un monopolio estatal a décadas de distancia de lo que alguna vez fue. La petrolera mexicana es un desastre en todos los sentidos.

Por si fuera poco, semanas atrás tuvo lugar una reunión de directivos de la empresa con inversionistas en la ciudad de Nueva York. Las crónicas del encuentro relatan que la presentación del director financiero dejó una pésima impresión tanto por el desenvolvimiento del funcionario como por un plan de negocios que los dejó incrédulos.

También, la obstinación de la administración federal por concretar la nueva refinería en Tabasco cuando estudios técnicos advierten lo insostenible y absurdo que es conforme a los términos planteados, es otra gran razón para esperar que la deuda de PEMEX se agudice.

La dirección de la empresa está errando su estrategia para revitalizarla (si es que existe alguna). Con una advertencia como esta, el director Octavio Romero debería estar atendiendo cientos de llamadas para calmar los temores de inversionistas y acreedores. Pero su prioridad fue introducirse a un túnel en la Ciudad de México donde se ordeñan ductos, declarar ante la prensa y tomarse fotos. Actividad a la que también lo acompañó la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. Si en eso andan los titulares federales y locales reitero la pregunta: ¿cuántos funcionarios se necesitan para cambiar un foco?

Degradar la calificación de PEMEX es más complejo de lo que parece. A esa percepción particular de la empresa mexicana más -sólida- del mercado, le puede seguir la deuda soberana del país, las empresas privadas, las otras paraestatales y en corto, la deuda de usuarios del sistema financiero.

Frente al riesgo de incumplimiento de pago, vendrán los aumentos de tasas por consecuencia. Préstamos, líneas de crédito, hipotecas, tarjetas, para todo lo que deba ser respaldado por una responsabilidad tendrá que incrementarse el umbral de garantía del prestamista. ¿Podría usted hacer frente a un interés que se multiplique?

Tampoco se deje engañar leyendo o escuchando que las ofertas lanzadas al exterior por la Secretaría de Hacienda son un indicador que contradice la situación de PEMEX. SHCP le está haciendo la tarea a la petrolera para mejorarla en lo posible. Esos bonos globales ofertados hace semanas por Hacienda fueron bien recibidos por ser de ella, por quien la dirige, porque son instrumentos propios y porque el respaldo del Banco de México está involucrado. Petróleos Mexicanos es asunto aparte.

¿Quién teme entonces a las calificadoras? Al menos no Rocío Nahle quien las llamó hipócritas. Cuidado ahí Rocío, eres gobierno, no estás en campaña y las inversiones no son electores.

Rodrigo Mariaud

Maestro politólogo, consultor independiente y asesor político

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