No, esta noticia nada tiene que ver con el club de futbol Atlas. El hecho que estén multiplicándose las banderas rojinegras en Tamaulipas, se debe a una pandemia de emplazamientos a huelga que está apoderándose de la industria maquiladora al noreste del país.

Hace semanas comenzó a reportarse en los parques industriales de Matamoros que 55 mil trabajadores se fueron a paro, afectando un total de 44 empresas que súbitamente detuvieron su operación. Cabe mencionar que la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Tamaulipas invalidó 13 de las huelgas al declararlas competencia federal.

Las consecuencias inmediatas a estas acciones se reflejaron en la salida de 15 maquiladoras del territorio nacional y la acumulación de $120 millones de pesos por pérdidas. Consecuencias enfatizadas por el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación al reclamar la inacción y pasividad del gobierno de México en vista de la incapacidad de la autoridad local.

El tema no es menor puesto que desde diciembre algunos medios señalaron la presencia de operadores del senador y líder minero, Napoleón Gómez Urrutia (MORENA), yendo a Tamaulipas a -promover- movimientos en los sindicatos de las maquiladoras. Otros advirtieron de un inminente levantamiento de huelgas dada la combinación de factores. El presentimiento se cumplió cuando colgaron las banderas rojinegras.

Una jugada política puede estar detrás de los acontecimientos en Tamaulipas. No obstante y lo más preocupante, es que pudiera no ser la única sobre el tablero. A kilómetros de distancia, bien asentados sobre las vías del ferrocarril, están los intermitentes plantones de la CNTE. ¿Tendrían algo en común dos escenarios geográficamente distantes?

¡Por supuesto! No necesariamente a manera de una operación política encubierta, pero sí en la propagación de un sentimiento que amenazaría la estabilidad laboral de industrias preponderantes para la economía nacional.

En Michoacán, la disidencia magisterial dio cátedra sobre extorsión al gobierno estatal, al federal y a la iniciativa privada. Tomando por rehén las vías del tren y bloqueando el tránsito de mercancias del puerto de Manzanillo hacia la Ciudad de México. Plantándose cómodamente en sillas de playa o camastros entregaron una cuenta exponencialmente millonaria sobre supuestos adeudos salariales y bonos.

¿Sabe que ellos cuentan con más de veinte pretextos para bonos por fin de año, por apoyo económico, por asistencia, por grupos vulnerables, por el número de eclipses, por los satélites que orbitan Júpiter…? ¿Cuántos bonos recibe usted en su empleo y por cuánto? Siendo así el resto deberíamos recibir bonos por desabasto de gasolina, bono por cumpleaños, bono mascotas en casa, bono por cometa que atraviese el sistema solar. Conquistas laborales, ¿cierto?

Con el cinismo de los hechos desarrollándose en Michoacán y Tamaulipas, en otras partes del territorio han surgido chispazos que pueden extender el incendio. Justo ayer llegaron campesinos del Frente Amplio por el Campo a plantarse en Paseo de la Reforma, reclamando apoyo a la Secretaría del Bienestar (antes SEDESOL) y a la Secretaría de Gobernación. Solicitando negociaciones… apoderándose de calles y colapsando la vida de los habitantes.

Mientras tanto y por debajo del radar, está fraguándose la huelga en el sindicato de telefonistas en contra de Teléfonos de México (emplazada para el 27 de marzo). Atentos con esto porque si las telecomunicaciones se suman a las maquilas, el magisterio y la industria petrolera, a ver cómo se acomoda la macroeconomía.

Justo al momento de escribir estas líneas me aparece una notificación de Altos Hornos de México suspendiendo una inversión por $200 millones de dólares y amagando con despedir a 2,000 trabajadores. Ni qué decir si ahora va el turno de la siderúrgica.

En resumen. Los usos y costumbres de un sindicalismo charro que insiste en hablar de una represión que no tiene lugar desde 1970 están alebrestando a los disminuidos colectivos de verdaderos trabajadores que encuentran justamente, en el trabajo, la oportunidad para mejorar sus condiciones y las de sus familias.

Un trabajador, trabaja. No sé que tanto puedan llamarse conquistas laborales el hecho de conseguirlas aplastándose a detener la actividad de los demás, en vez de dignificar la profesión siendo productivos. O sea, empleándose.

Además, si el gobierno federal va a entender la administración de la economía como una guerra ideológica de reivindicación sobre el neoliberalismo, está desfasado como por treinta años. La inversión, el empresariado, los emprendedores no son enemigos de las democracias. Es a través de ellos que se genera riqueza. La distribución y generación de condiciones de equidad, así como una regulación justa-imparcial sobre la actividad, sí es competencia del Estado.

Competencia también el modificar los vicios de asociaciones sindicales que han hecho de la extorsión y la protesta su única vía de trabajo. Entiendan: lo que ganan, es lo que trabajan y no lo que arrebatan. La corrupción también anida en las causas sociales, no se engañen.

P.S.: atención con el líder ferrocarrilero, ese de los lentes de sol de alta moda. Aunque su actividad esté tan oxidada como sus locomotoras dignas de museo, está muy dispuesto a hacer presente a su gremio en la operación del Tren Maya. Si presionar es la manera de hacerse de proyectos, no extraña que la última vez que sobre el ferrocarril se transportó la economía mexicana fuera en el tiempo de Don Porfirio Díaz.

Rodrigo Mariaud

Maestro politólogo, consultor independiente y asesor político

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