Para este momento tanto partidarios como detractores del gobierno federal coinciden que las decisiones del presidente son cuando menos, controversiales. La cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, la -estrategia- contra el robo de combustibles, el rescate de Petróleos Mexicanos, la multiplicación de programas sociales, incluso la emisión televisiva que presentan a manera de conferencia matutina son directrices que dejan un inagotable debate sobre los fundamentos de éstas y si es que conseguirán resultados favorables en los términos del bien común.

Innegable es que la legitimidad del presidente y del partido en el poder se conserva (incluso ha aumentado), aunque las decisiones a cargo de un gobierno son cosa aparte del terreno ambiguo de la elección. Con la titularidad de una función deviene la responsabilidad en la prestación de un servicio público, un desempeño integral ante la sociedad sobre la cual no deben predominar predisposiciones ideológicas ni actitudes facciosas.

Eso último está siendo omitido por los operadores de la nueva administración. En las últimas semanas las noticias se han visto envueltas por situaciones que en sexenios anteriores despertaban antipatía, protesta y especulación. Ahora prevalece el silencio o en el peor de los casos, la justificación y el consentimiento.

Lo que ayer eran estruendosas y dramáticas protestas por la guerra del PAN o la ley de seguridad interior del PRI, hoy son ovaciones a la militarizada Guardia Nacional de MORENA. Para quienes vivieron del estigma de 1968 reviviendo constantemente las anécdotas de la represión, hoy parecen victimarios sedientos de una revancha muy similar a la persecución que solían denunciar. En el recuerdo de la infame casa blanca de Angelica Rivera, hoy pasan inadvertidos la postulación de Jazmín Esquivel (esposa de José María Riobóo) a la Suprema Corte hasta los nombramientos de una modista, una demostradora y un maestro normalista en cargos que requieren educación superior.

Por cierto, ¿no fue un escándalo vulgar la tesis académica de Peña Nieto? ¿Qué reacción tienen con Esteban Moctezuma debiendo materias de su licenciatura en derecho? ¿Se trata de joder a uno y justificar al otro? En dado caso el sentido común es exigir a ambos: “usted, evite la pena de cometer un plagio, el otro, omita asignarse títulos que no ha acreditado”.

Prometer no empobrece y en campaña los políticos son una fuente inagotable de promesas usualmente inverosímiles. No obstante, la evolución de una candidatura a un gobierno suele presentar dificultades a quienes creían que la oratoria es suficiente para echar a andar la maquinaría del Estado. Menos aun cuando la estructura del gobierno asegura autonomías que garanticen la formación, el conocimiento técnico y la capacidad. Incluso que la intervención de la sociedad civil organizada desde abajo sea tan legítima como la división de poderes dispuesta en los niveles superiores.

La dificultad que enfrenta la autodenominada cuarta transformación es la democracia misma. Es la profesionalización de la administración pública y la legitimidad diferenciada por otras vías a una elección. Qué grado de democratización conseguimos los últimos veinte años o qué resultado ha tenido para la vida en este país, está plenamente documentado y cada quién tendrá su evaluación del sistema político que dejamos bajo la responsabilidad de López Obrador.

Sin embargo, fue trazado un curso por encima de los partidos que alternaron en la Presidencia. La democracia llegó con elecciones libres y se configuró en espacios distintos a los de una papeleta en la urna. Se desplazó a la intervención civil en decisiones de gobernanza, segmentó la burocracia vertical en favor de una estructura horizontal complementada por capacidad, permitió a la economía dejar de ser un decreto discrecional para ser una competencia inserta en la globalidad, hasta la libertad para disentir se ganó por quienes generaron condiciones para ello antes que arrastrar revanchas generacionales. En resumen, conseguimos una maduración de la vida en democracia.

Esta fundación resulta inútil para el proyecto presidencial. Queda manifiesta la intención por descartar la estructura, materiales, planos y mano de obra antes vigentes; aun cuando los mismos validaron su ascenso al poder. También téngase en cuenta que el espacio que tenemos es el único disponible, no hay otro territorio dónde partir desde cero. Por lo tanto, si la intención es construir una nueva aspiración, antes destruirán el legado que dejamos atrás.

Así inicia el desmantelamiento de la República.

Rodrigo Mariaud

Maestro politólogo, consultor independiente y asesor político

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