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ESTADOS

En la Opinión de Irving Gattel

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  1. Hay cuatro cosas que diferencian al ser humano de los animales. Te las menciono y luego te las explico.
    A. La cultura
    B. La idea de honrar a los muertos
    C. El razonamiento matemático
    D. La liberación de la mujer

Pásale, que el tema está bueno.

La cultura es conocimiento heredado. La verdadera evolución del ser humano comenzó cuando algún homínido primitivo logró enseñar sus conocimientos adquiridos a sus hijos. Eso permitió que las siguientes generaciones ACUMULARAN conocimiento.

Desde ese momento y hasta la fecha, el conocimiento ha crecido exponencialmente, y el resultado es la vastísima riqueza cultural de la humanidad. Algo que ninguna otra especie ha logrado. Ahí comenzamos a ser verdaderamente humanos.

Luego vino la idea de la trascendencia. Es decir, la noción de que hay algo abstracto que nos define en lo más íntimo, y que es trascendente a lo material. Lo más seguro es que sus primeras manifestaciones hayan sido resultado de algo tan sencillo como lúdico…

Los sueños y los hongos alucinógenos u otras plantas o alimentos psicotrópicos. Los hominidos primitivos eran incapaces -al igual que los niños más pequeños- de diferenciar entre lo onírico y lo real. Así que los sueños y las alucinaciones cobraron un sentido muy especial.

El contacto con las plantas psicotrópicas fue accidental e inevitable. En nuestra búsqueda de qué comer, tarde o temprano tendríamos que toparnos con esos hongos que no matan, pero te mandan de viaje a la quinta galaxia. Y eso se volvió algo importante a nivel cultural.

Con el paso de los milenios, comenzaron a aparecer personas especializadas en «interpretar» lo que se veían en esas alucinaciones y, por extensión, en los sueños. Y así surgió el chamanismo, preludio de lo que después sería la religión.

Ello favoreció al desarrollo de la noción de que existe una dimensión espiritual. La antigüedad de esta idea está demostrada por las tumbas que ya evidencian una concepción religiosa, y que existen desde hace decenas de miles de años.

Es muy probable que los primeros que hayan hecho entierros con un protocolo definido -expresión de una cierta noción de trascendencia- hayan sido neanderthales, hace 100 mil años. Desde entonces, la idea fue evolucionando poco a poco.

Independientemente de lo que cada uno opine de la religión, el punto es que nuestra conducta se separa de manera definitiva del resto de la conducta animal, en el momento en que COMENZAMOS A HONRAR A NUESTROS MUERTOS.

Luego vino el razonamiento matemático. Es decir, la capacidad de partir de fenómenos concretos para elaborar ideas abstractas, a las que poco a poco fuimos dotando de la mejor lógica posible. Gracias a ello, el ser humano empezó a transformar su entorno.

Los primeros grandes logros de esta capacidad desarrollándose fueron la astronomía, la ingeniería civil y la agricultura. Eso permitió que el ser humano comenzara a abandonar el nomadismo, y así surgieron las primeras civilizaciones.

Ahora revisemos la cronología de estos primeros tres grandes pasos en nuestra «humanización»: Hace unos 2 millones de años comenzó la Edad de Piedra, y fue el inicio de la cultura; luego, hace 100 mil años empezamos a hacer funerales; y hace unos 10 mil, vino lo demás.

En el transcurso del último siglo, concretamente con el inicio de los movimientos feministas, estamos viendo el siguiente gran paso que nos aleja todavía más de nuestra condición animal y nos permite desarrollarnos como seres humanos: La liberación femenina.

Somos homínidos, e inevitablemente hemos repetido la conducta de los homínidos desde hace unos 12 millones de años. Conducta que define con bastante precisión los roles de machos y hembras, así como las conductas de cortejo y apareamiento.

El machismo y la violencia de género son las versiones exacerbadas de esa conducta animal e instintiva, resultado de una combinación sofisticada y -ya lo hemos visto- peligrosa: La complejidad cultural mezclada con nuestra conducta animal.

En los demás homínidos existe el Macho Alfa, jefe auto-impuesto en el grupo por la fuerza. Como tal, dispone de la comida y de las hembras, pero también asume su rol protector y concentra su violencia sólo en los rivales o los enemigos del grupo.

Nuestra sofisticación cultural no ha eliminado el rol de Macho Alfa, pero sí ha alterado el instinto protector. Al haber más elementos en juego (riqueza material), los Machos Alfa humanos son capaces de destruir a los integrantes de su propio grupo. Le llamamos explotación.

Eso ha definido los derroteros de la violencia de género, un fenómeno que no se presenta de modo similar en los otros homínidos. Se trata, entonces, de una conducta nuestra animal, pero deteriorada y perversa. Sin duda, lo peor de nosotros mismos.

Por eso es que la liberación de la mujer representa el siguiente paso en nuestra plena humanización. Desde el momento en que inventamos el concepto de «instituciones», el Macho Alfa es innecesario. Claro, a nivel teórico. Todavía nos falta mucho a nivel práctico.

En el análisis de la violencia de género podemos detectar muchas conductas que podrían explicarse como una inercia heredada de nuestro desarrollo evolutivo. Es decir, existen porque así hemos sido durante millones de años. Pero eso no significa que así tengamos que ser.

Ya no somos babuinos viviendo en los árboles. Para bien y para mal hemos evolucionado a otro nivel de conciencia y de formas de convivir. Por lo tanto, es nuestra obligación mejorarlos, perfeccionarlos. Y la liberación femenina es el gran paso que estamos dando en esta época.

Sólo hasta que haya una plena igualdad entre hombres y mujeres, podremos decir que esta fase de nuestra evolución se logró. Si en otros tiempos el cortejo, el apareamiento y la propiedad respondieron a necesidades de supervivencia, hoy es distinto.

Las instituciones, el estado de derecho, la ciencia y la democracia garantizan nuestra supervivencia como especia SIN NECESIDAD de Machos Alfa. Y eso significa, por definición, la liberación de la mujer. Y ojo: el gran paso no lo van a dar los Machos Alfa, sino LAS MUJERES.

Después de ello, sólo quedará un último reto para alcanzar nuestra plena evolución humana: El triunfo sobre el pensamiento mágico. Pero de eso les platicaré en otra ocasión. Por este día, mis mayores deseos de éxito a todas las mujeres que están marchando por algo mejor.

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