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CULTURA

La danza de la tierra (Crónica de un temblor)

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Jose Riaza

23 de Junio de 2020, Ciudad de México, 10.27 Am

Me vestía apresuradamente para llegar a una cita. Revisé lo que llevaba pensando en lo que necesitaba para mi compromiso. Esto, lo otro… ¡El cubrebocas! Ahora vamos con bozal a todos los sitios pero eso no nos impide el hablar por hablar, las palabras innecesarias, el auto-bombo y las anécdotas, quizá esos detalles son los que nos hacen humanos.

En los detalles está dios reza un dicho popular, yo digo que sí, que está, pero cuando hay dios es imposible no pensar en el diablo. No hay uno sin el otro, es lo que nos hace caminar en el samsara, esa concepción dual de la existencia, bien y mal, arriba o abajo, pobre y rico… Mientras divagaba oí un sonido de esos de venta ambulante que solo pueden suceder en la majestuosa y folclórica Ciudad de México, no eran los viejos éxitos inolvidables como tamales oaxaqueños ni algo de fierro viejo que vendan pero sonaba igual de irrespetuoso e invasivo en este mar de contaminación acústica en el que vivimos.

Cerré la puerta de mi recamara mientras pensaba en el dichoso sonsonete locutado ¿No será…? No, no creo, lo hubiese reconocido, ni que fuera nuevo. Crucé la azotea y bajé en tres zancadas como alma que lleva el diablo las vertiginosas escaleras de hierro que conducen a la cocina, llegaba tarde a mi cita. Entonces le pregunté a Silvia si esa fea grabación era o no era lo que yo pensaba, ella contestó que sí desde el fondo del pasillo, maldije, no sé si a viva voz o con la mente:

– ¿No vas a bajar? – Le pregunté a Silvia.

– Lo que tenga que ser será. Dios dispone…

– Y el diablo descompone. – Pensé mientras corría.

Antes de abrir la puerta alcancé a escuchar los ladridos de todos los condenados perros del barrio. Así empieza siempre, pensé, así fue aquella noche la semana antes del fuerte de 2017,  todos los pájaros de los árboles que rodean mi azotea salieron escopetados. Impresionante, amedrentador, inolvidable preludio de aleteos, casi Hitchcock. Volé sobre el último tramo de escaleras y salí por fin al exterior, encontré la calle repleta de personas, como si no hubiese más virus y vi a toda la vecindad mirando en mi dirección. Mala señal.

Casi nadie llevaba el bozal. ¿A quién coño le importa? Entonces todo empezó. La tierra se agitó como en aquel septiembre negro. Crucé la calle y me junté con mis vecinos para observar la danza de la tierra.

El edificio blanco en reparación estaba a la derecha y nuestra casa amarilla a la izquierda. Ambos bailaban tomados de la mano en una danza siniestra. Mecían sus cuerpos al son de un ritmo inaudible para los humanos, un ritmo constante, monótono y tenebroso como todo lo desconocido.

El ritmo del planeta, el que los animales conocen, el que entienden los despiertos, el que no puede o no quiere conocer el hombre, el que a veces incluso es negado, el magno poder de la naturaleza.

Mientras las dos fincas bailaban pude ver a un albañil colgado de una cuerda del edificio blanco en reparación, movía sus brazos lo más rápido que podía para bajar a tierra firme pero el baile lo zarandeaba como un niño zarandea un escarabajo muerto, como un hombre colgado de un planeta.

La gente suspiraba en voz alta, algunos consolaban a sus parejas, otro teníamos los ojos vidriosos, apunto del derrame. Los recuerdos atosigaban al lacrimal mientras la danza seguía latente y espectacular frente a nuestros grandes ojos de seres minúsculos y rendidos ante las fuerzas naturales. Cuando el baile cesó todos nos miramos y hablamos con los ojos, asentíamos o negábamos y todos comprendíamos el lenguaje ocular.

Entré a la casa amarilla y aún se mecía ella y las lámparas, aún olía a miedo y a sorpresa, la danza y la muerte siempre lo son. Le pregunté a Silvia como estaba, me dio un abrazo y después no comprobé si todo estaba en su sitio, dios dispone y el diablo descompone, no subí a la azotea a mirar mi cuarto, todo son pequeñeces en un mar de nada, me despedí y arranqué mi camino. Seguí la inercia de la ola del día pero sobre la cresta del shock. Me crucé con tantos rostros descompuestos. Hablé con alguien para saber que todo era real.

Tomé la bici y me encaminé a mi cita, llegaba tarde pero no me importaba. Nuestras insignificantes vidas están plagadas de detalles que solo son morralla, menudencias que a veces nos pintan la vida de color de rosa y otras nos la tiñen de estrés, sin embargo todos los días de mi desdeñable existencia la vida me escupe a la cara hechos y certezas que ponen en evidencia la multitud de insignificancias con las que llenamos nuestras vidas. Nimiedades que se rebelan sobrantes e innecesarias y que la danza mortal puede opacar con una breve muestra de su poder en tan solo un segundo, con un ligero guiño, con un pequeño baile, con tan solo una danza, la danza de la tierra.

Fotografía: Estíbaliz Guzmán

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CULTURA

Omnívoros, veganos y vegetarianos: ¿quién tiene la dieta más saludable?

Interesante estudio de los diferentes pros y contras de estos tipos de personas, aquí 👇🏼te contamos

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Omnívoros, veganos y vegetarianos, siempre la misma disputa: ¿quién tiene la dieta más saludable? Esta pregunta podría formar parte de un concurso de televisión, pero sería engañosa porque posiblemente no tenga una respuesta certera al 100 por ciento. A continuación mostramos una serie de evidencias para que puedan dar la respuesta más acertada posible.

La calidad de una dieta no depende solo de la carne
La dieta omnívora es la más conocida por ser seguida por la mayoría de la población humana mundial. Según la RAE, un omnívoro es aquel animal que se alimenta de toda clase de sustancias orgánicas, es decir, se incluyen todos los grupos de alimentos.

En el lado opuesto, una dieta vegana es aquella que no incluye los alimentos de origen animal. Por tanto, las carnes, pescados, huevos, lácteos y miel quedarían excluidos. Y, en un punto intermedio, están las dietas vegetarianas, que son las que excluyen las carnes y pescados pero no lácteos y huevos.

Cabe destacar que cualquiera de las dietas mencionadas, siempre y cuando esté bien planteada, es saludable. Desde 2015, la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos establece que las dietas veganas y vegetarianas son saludables y nutricionalmente adecuadas. Pueden proporcionar beneficios para la salud, tanto en la prevención como en el tratamiento de ciertas enfermedades. Otra cuestión es la sostenibilidad de la alimentación, pero esto merece un artículo a parte.

Qué dice la ciencia sobre el consumo de carne
Es sabido que una dieta omnívora equilibrada, siguiendo las recomendaciones de ingesta, se podría clasificar como saludable. Aquí entendemos esta dieta como aquella en la que no se consume alcohol, ni productos procesados, ni bollería, ni carnes rojas más de una vez al mes, etc.

Pero siempre tendemos a los extremos, y el ritmo de vida y las influencias del medio distorsionan lo que podría ser una dieta saludable. Así, consumimos carnes rojas casi a diario, meriendas con procesados como el jamón cocido, y alcohol, y pensamos que el vino es sano por que se incluye en la dieta mediterránea. Pero nada más lejos de la realidad, ya que la OMS no establece dosis seguras de consumo.

Según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, la carne procesada es un carcinógeno humano, lo que significa que existen suficientes pruebas para decir que estos productos causan cáncer. Mientras que las carnes rojas se clasifican como un carcinógeno probable.

Además, recientemente se han identificado daños en el ADN que relacionan el consumo alto de carne roja con el cáncer colorrectal.

La investigación relacionada con la dieta vegetariana y vegana es relativamente reciente, dado que ha sido en los últimos años cuando se ha visto un incremento de personas consumidoras de este tipo de dietas.

En España, en 2019, había 3.8 millones de personas vegetarianas y veganas. Las motivaciones para seguir estas dietas son muy variadas e incluyen un compromiso por la vida de los animales, la ética, la salud y la sostenibilidad del planeta. Aunque, tal vez, también podríamos añadir a estos motivos la moda.

Todas son saludables pero ¿unas más que otras?
¿Qué tienen estas dietas basadas en alimentos de origen vegetal para que pensemos que son más saludables? Pues un mayor consumo de frutas y verduras, cereales, legumbres y fuentes proteicas de origen vegetal. Tal vez, la mayor diferencia radique en lo que no contienen: productos de origen animal con un alto contenido en grasas saturadas.

Los estudios que evalúan los diferentes beneficios de estas dietas sobre la salud son múltiples y exploran su relación con diferentes enfermedades, mejorándolas o previniéndolas. Por ejemplo, es conocido el efecto negativo de los lípidos en sangre cuando estos están elevados. Por tanto, seguir una dieta vegetariana puede ser beneficioso ya que modula dicho perfil.

El organismo necesita ser constante en sus procesos. El equilibrio ácido-base es importante para mantener esta homeostasis y la nutrición juega un papel primordial. Alimentos como las carnes, pescados, huevos y quesos promueven medios ácidos. Si este no se contrarresta con el consumo de frutas y verduras puede resultar perjudicial para la salud.

Por eso, una dieta vegana sería mucho más saludable que una vegetariana y por consiguiente que una omnívora.

Otra enfermedad muy conocida y relacionada con la alimentación es la diabetes mellitus tipo 2. Las personas con un patrón basado en productos vegetales tienen menor riesgo de desarrollarla, ya que los productos vegetales actúan sobre diferentes parámetros reduciendo este riesgo.

Por último, podríamos destacar la importancia que está adquiriendo el estudio sobre la microbiota intestinal y su relación con algunas enfermedades. Se ha observado que las dietas vegetarianas y veganas mejoran el perfil de nuestras bacterias intestinales, protegiéndonos frente diferentes enfermedades.

En alimentación, los extremos pueden no ser buenos, pero si están bien planteados, son alternativas saludables. A la vista de la crisis climática que vivimos y el impacto medioambiental que supone la cría de animales para consumo humano, tal vez no sea descabellado disminuir el consumo de productos de origen animal y aumentar los de origen vegetal. Así no solo mejorará nuestra salud, sino también la del planeta.

Con esta información ya conocemos las opciones. Ahora depende de cada persona escoger la más saludable y sostenible.

Sonia Martínez Andreu, Profesora Contratada Doctora del Departamento de Enfermería y Fisioterapia. Directora del Experto Universitario en Vegetarianismo y Planificación dietética en alimentación vegetariana, Universitat de les Illes Balears

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