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COLUMNA

LO LEGAL… ¿POR QUÉ ESTÁ TAN CARO EL GAS Y POR QUÉ AMLO QUIERE IMPLEMENTAR GAS BIENESTAR? ¿ES ALGO BUENO PARA EL PAÍS?

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Guadalajara, Jalisco/20 de julio de 2021. – Ya tiene más de una semana que el presidente Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina, dio la noticia de la conformación de la empresa Gas Bienestar que distribuirá gas a precio justo, y a primera vista, responde al incremento desproporcionado del precio de este producto,  ya que en el último año se ha incrementado más de 40%,  y a que los intentos  y exhortos de la Secretaría de Energía a través de las dependencias COFECE (Comisión Federal de Competencia Económica) Y la CRE (Comisión Reguladora de Energía), entre otras, para estabilizar los precios entre los distribuidores, no han rendido frutos.

Esta respuesta del ejecutivo no apareció sin justificación y por generación espontánea esa precisa mañana del 7 de julio, cual si fuera un capricho senil, muy al contrario, responde a una cadena de acontecimientos de ya muchos años, pero cuyo evento más destacado ocurrió ahora en febrero, a principios de este año, con los famosos e históricos apagones en Texas.

Este estado sureño de Estados Unidos sufrió la tormenta invernal más fuerte de los últimos 30 años y las condiciones climatológicas tan severas congelaron partes fundamentales de los generadores eléctricos, también comprometieron la industria que produce gas LP y gas natural, este último responsable de alimentar a las plantas generadoras de electricidad. Y el desabasto inmediatamente se vio reflejado en el precio del combustible, el de mayor uso en los domicilios domésticos de los mexicanos, pues México obtiene entre 64% y el 90%, dependiendo la fuente, del gas que usa, tanto natural como LP, de las plantas generadoras en Texas.  Para proteger a su población, Texas anunció que pausaría sus exportaciones de gas natural y LP, y nosotros que somos su cliente número uno al ser los compradores de casi un quinto de su producción, vimos un alza en los precios sin precedente, sin embargo, la esperanza general era que una vez pasada la tormenta vendría la calma, literalmente, que la electricidad se repondría y que los precios del gas bajarían.

Esto no sucedió, al contrario, los precios mantienen una tendencia alcista, y este evento puso de manifiesto dos graves problemas, ya conocidos por diversos analistas, pero no tan sufridos por la población mexicana: la peligrosa dependencia energética hacia Estados Unidos y las prácticas abusivas de las gaseras en México.

Sobre el primer punto conviene recordar que México tuvo una sólida infraestructura energética a lo largo del siglo XX que llevó al país a ser uno de los principales países productores de petróleo y gas natural durante muchos años.  Pero con las políticas promotoras de la iniciativa privada y el deliberado abandono de la industria estatal, en los últimos veinte años ha sido vertiginosa la pérdida de la independencia energética del país.

SENER

Como muestran las cifras oficiales, desde 2010 se inició la bajada progresiva de la producción de gas natural de México.  El gas LP ha sufrido la misma suerte.

Al respecto, el presidente de la república ha ordenado, entre otros proyectos bien conocidos con esta tendencia, la ampliación de la producción en plantas generadoras que usan carbón o combustóleo.

Su estrategia a largo plazo es sostener un proyecto energético de recuperación de las empresas estatales: «Ahora lo que queremos es, sin que dejen de participar los particulares, consolidar a la Comisión Federal de Electricidad y que ya se detenga la política entreguista. Entonces, eso es lo que se está haciendo», llegó a decir López Obrador.

De aquí que el gas LP esté caro, pues se lo tenemos que comprar a quien lo vende caro.  Y es que este es el argumento principal con el que las grandes distribuidoras de gas en México (que son sólo cinco las que acaparan la mayoría del mercado) justifican sus precios altos.  Si bien es cierto que la tormenta fue en febrero, un seguimiento al índice de Mont Belvieu (la referencia internacional para la venta de gas LP) indica que ese despunte a partir de febrero y que no ha cesado, es consecuencia de dos principales factores: un efecto tardío en la ralentización de la producción estadounidense de gas, que se vio afectada por la pandemia de coronavirus (los productores de Estados Unidos hicieron una reducción gradual, pero con un fuerte impacto hasta finales del año pasado), y un aumento considerable en la demanda industrial del continente asiático.  Entonces, la famosa tormenta invernal, sólo fue un elemento más y no el más importante que explique estos elevados precios.

Pero estas circunstancias en el mercado no justifican por completo los precios en México, pues independientemente del precio elevado de compra, una condición que no puede ser regulada por iniciativas gubernamentales pues es un factor internacional, las gaseras han obtenido ganancias de hasta más del 50%, cuando el combustible es elemento indispensable en las casas mexicanas, y no un artículo de lujo.

No hablemos de las prácticas de repartirse las colonias y amedrentar violentamente a la competencia.

Una crítica recurrida a la iniciativa de Gas Bienestar, es que el Estado debe ser un agente regulador y no uno intervencionista y que no está comportándose como debiera, pues en vez de ponerse a competir empresarialmente para reducir los precios del gas, debió recurrir primero a las dependencias correspondientes para que investigaran, y en su caso, sancionaran prácticas monopólicas o abusivas por parte de las gaseras.  Pero lo cierto es que las investigaciones llevan desde el 2017.  A petición de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y luego de identificar comportamientos potencialmente anticompetitivos en el mercado de distribución y comercialización del gas LP,  la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) fue informada y exhortada a proceder conforme a sus atribuciones legales y publicó  en el Diario Oficial de la Federación el aviso mediante el cual la Autoridad Investigadora inició la investigación con el número de expediente DE-022-2017, en el mercado de la distribución y comercialización de gas LP en territorio nacional.  Una investigación que comenzó desde el 24 de agosto del 2017, en la cual el periodo de indagatoria era de 120 días con posibilidad de ampliarlo hasta cuatro ocasiones y con un probable proceso subsecuente de haberse encontrado elementos que presuman prácticas anticompetitivas, simplemente sigue en curso.

 Han pasado cuatro años y ninguna acción reguladora se ha ejecutado, razón por la cual el presidente López Obrador mencionara de la COFECE “Eso es un cero a la izquierda, están de florero, nada más de adorno”, al afirmar que la Comisión Federal de Competencia Económica ha sido omisa ante el precio del gas doméstico en el país.

Otro punto negativo alzado ha sido la especulación de que la empresa, en este momento en creación, se volverá monopólica ya que con sus precios de regalo (no se ha determinado el precio que tendrá Gas Bienestar) aniquilará a todos los demás distribuidores de gas, y que una vez siendo la única empresa gasera, subirá los precios de forma arbitraria y perniciosa para el consumidor final sin que nadie pueda hacer ya nada (risa de villano).  Pero suena quimérico porque Pemex, hoy por hoy, no tiene la capacidad de satisfacer la demanda nacional, su mercado inicial está focalizado en los sectores más golpeados con los incrementos del gas, donde para darnos una idea, para un ingreso de 5,000 pesos mensuales, comprar un cilindro de 30 kg en $800 (en algunos puntos de la república ha estado más caro), representa el 16% del ingreso mensual, mientras que para un ingreso de $20,000, apenas representa el 4%.  Además, la empresa no gozaría de subsidios sino de un margen de ganancia reducido, así que no habrá terreno para la competencia desleal y se ciñe a la lógica del mercado libre.  Para esto, tener a una empresa que represente un verdadero competidor comercial, en aras de mantenerse vigentes y atractivos, regularán los precios a la baja, mejorarán sus políticas de servicio y calidad, y será difícil que pacten y sobornen a la paraestatal para no ofrecer servicio de gas en ciertas zonas, que por cierto en este momento están a merced de una sola compañía que cobra prácticamente el precio que quiere pues las familias no tienen opción.

Bien pudiera ser que Gas Bienestar fuera otro paso para la consolidación de la autosuficiencia energética.  El gas LP es un gas compuesto principalmente por butano y propano, que se obtiene como subproducto en el proceso de destilación del petróleo, y la mayor parte de él, por haber perdido total relevancia, se desperdicia en nuestras plataformas liberándolo al aire o quemándolo.  Gas Bienestar lo aprovechará de nueva cuenta y buscará aumentar su producción para luego distribuirlo con relativa independencia del mercado global y amortiguar un poco las finanzas de los más vulnerables económicamente.  Posiblemente a medida que se fuera reactivando la producción de gas, la red de Gas Bienestar deberá ir alcanzando más rutas de distribución.  La demanda de gas a más bajo costo que el de las empresas cotidianas, iría impulsando su capacidad productora e inyectaría recursos y estrategias administrativas a la infraestructura actual para buscar adquirir, al menos como primera etapa en el proceso de la autosuficiencia, los números que se tenían hace veinte años. 

El pensamiento que dirigirá a la paraestatal no es afín al de los grandes empresarios que buscan recuperar grandes inversiones en cortos periodos de tiempo a expensas de amplios márgenes de ganancias exprimidos de los bolsillos de los consumidores, por lo tanto, no se espera una inversión inicial colosal que ponga en entredicho las finanzas del Estado pues las ganancias aunque marginales, al ser constantes, deberán ir construyendo de forma constante y no exponencial, la solidez de la empresa, que no tendrá otros inversionistas a los cuales rendir cuentas, que a la nación misma.

Es cierto que hasta que no esté en marcha y pase algún tiempo, se podrá comprobar el beneficio de la iniciativa y generar conclusiones o reafirmar lo que en este momento se piensa, pero lo que también es cierto es que la propuesta del presidente ya ha tenido impacto positivo en la ruta prevista por él mismo, según lo que dijo en la conferencia matutina, porque desde el lanzamiento del proyecto, el gas ya comenzó a bajar.

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