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OPINION

Hablemos de la consulta popular

Francisco Ramírez Bañuelos nos habla sobre la consulta popular en su opinión semanal «Hoy nos toca» . Importante reflexión de lo que significa la consulta popular en nuestra democracia.

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Por Jesús Francisco Ramírez Bañuelos
Twitter: @ramirezbanuelos

Estoy seguro que tú también te preguntas para qué sirve la consulta popular. Como sabes, el domingo 1º de agosto de 2021 tuvimos la primera experiencia nacional de este ejercicio de participación ciudadana. Hoy nos toca reflexionar sobre su importancia dejando de lado los prejuicios y las afinidades políticas.

En primer lugar, recordemos que para la constitución mexicana la democracia es una forma de vida. Esto quiere decir que los mexicanos podemos tomar decisiones sin imposiciones ni arbitrariedades de otras personas, incluidas las autoridades. En otras palabras, vivir en una democracia significa poder elegir por mayoría qué queremos y cómo lo queremos tanto en nuestra casa como en la calle.

Hasta aquí creo que todos estamos de acuerdo. Sin embargo, la complejidad ocurre cuando esas decisiones tienen un impacto comunitario. La democracia es optar por lo que la mayoría quiere, pero respetando a las minorías. Es decir, en una democracia las voces y los deseos de todas las personas deben ser tomados en cuenta. Por eso, en la democracia existen mecanismos para que las personas participemos en las decisiones que afectan a todos.

Sí, exactamente, las elecciones para elegir al presidente de la república, diputados, senadores y demás funcionarios de los Estados y municipios son el ejemplo más conocido de participación democrática. Pero, hay otros mecanismos menos conocidos, uno de ellos es la consulta popular.

Antes de continuar, hay que aclarar algunos puntos. Uno, la consulta popular no es una invención mexicana. Se ha utilizado desde hace años en muchos países alrededor del mundo y ha sido criticada y alabada, según los intereses de los opinantes. Dos, la consulta popular a nivel nacional no es producto del actual gobierno federal. Su origen está en la reforma al artículo 35 constitucional ocurrida en 2012 en la que se incluyó como un derecho de los ciudadanos y la posterior promulgación de la Ley Federal de Consulta Popular en 2014, que regula cómo se ejerce ese derecho ciudadano.

Lo importante para nuestra reflexión es valorar qué aporta este mecanismo a nuestra joven democracia, para ello señalo algunos puntos que delimitan la consulta popular. Primero, la consulta popular es un mecanismo de una democracia participativa. Esto significa que la relación de los ciudadanos con los gobernantes no termina el día en que decidimos quienes ocuparan los cargos públicos de elección popular, sino que también tenemos que vigilarlos y ayudarlos a gobernar. Si entendemos esta relación permanente de los ciudadadanos con los gobernantes de manera colaborativa, entonces podemos mejorar la vida de la sociedad en su conjunto.

FOTO: GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM??

Segundo, la consulta popular es una herramienta para discutir públicamente los asuntos más importantes para el país o una región en particular. Como todo instrumento, la consulta popular es útil cuando se usa bien, es decir, cuando el propósito es relevante para la población a la que afecta.

Tercero, la consulta popular debe seguir un procedimiento para llevarse a cabo. Esto es, solo se puede realizar si se cumplen los requisitos que señala la constitución y la ley. Cuando hay irregularidades o se fuerzan las condiciones para efectuar la consulta popular, entonces se trata de un proceso que distorsiona la democracia.

Cuarto, además de por solicitud presidencial, de la cámara de diputados o senadores, la consulta popular puede ser iniciada por la población. Esta característica es la más importante porque significa que los ciudadanos, siempre y cuando representen por lo menos el 2% del listado nominal —actualmente ese porcentaje equivale a 1.86 millones de ciudadanos (INE, 2021)— pueden solicitar que se discuta un asunto de importancia nacional o regional. En otras palabras, el monopolio de la discusión pública no lo tienen las autoridades. Los ciudadanos también decidimos qué es lo más importante para el país o alguna región y sobre lo que queremos que haya un debate público.

Quinto, si la consulta popular es numéricamente significativa, esto es, si participa en ella al menos el 40% del listado nominal de electores —actualmente ese porcentaje equivale a 37.4 millones de ciudadanos (INE, 2021)—, entonces el resultado es obligatorio durante los siguientes 3 años para las autoridades, según sus atribuciones. Es decir, los ciudadanos podemos decidir sobre cómo queremos que las autoridades actúen sobre un tema específico de interés nacional o regional.

Sexto, la consulta popular no se puede realizar en cualquier momento. Esto es así porque la Ley Federal de Consulta Popular señala que el día para su celebración debe ser el primer domingo de agosto del año siguiente a la petición de la consulta.

Séptimo, hay algunos temas que no pueden ser sometidos a consulta popular. Estos son 1) las restricciones a los derechos humanos reconocidos por la constitución y/o los tratados internacionales de los que México es Parte; 2) las características de la república, es decir, el carácter representativo, democrático, laico y federal que distinguen a México; 3) la remosión de los funcionarios públicos electos en las urnas —para ello existe la revocación de mandato—; 4) los asuntos electorales; 5) el sistema financiero nacional, los ingresos, gastos y presupuesto de la Federación; 6) las obras de infraestructura que se estén realizando; 7) la seguridad nacional y 8) la organización, funcionamiento y disciplina de las Fuerzas Armadas. Fuera de estos casos y previa aprobación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de la pregunta que se plantee es posible consultar popularmente cualquier tema.

Octavo, el proceso deliberativo que ocurre antes del día de la votación de la consulta popular debe ser amplio y propiciar la discusión de las ideas. La intención de este mecanismo de participación ciudadana es que el tema trascendente nacional o regionalmente ocupe las conversaciones de las familias, escuelas, centros de trabajo, lugares de esparcimiento, etc. y todos escuchemos los argumentos de los demás. Este intercambio de opiniones por sí solo es ya un gran avance en la democracia. La consulta popular es irrelevante si únicamente confronta y refleja la división social. El avance democrático ocurre cuando se escucha a los demás y se exponen los propios argumentos no para convencer sino para explicar nuestras posiciones.

Ahora que tenemos más claro qué es y cuáles son los límites de la consulta popular, considero que podemos hacer una valoración informada de la utilidad de este mecanismo de participación ciudadana. En mi opinión, la trascendencia de la consulta popular radica en que la ciudadanía se apropie de ella como una herramienta para tomar parte en las decisiones públicas más importantes que afecten a la región en la que vive o al país en general. Esa apropiación pasa por el hecho de conocer los alcances que tiene el involucramiento de la ciudadanía en los procesos de gestión gubernamental. No basta con acudir a las urnas el día de las elecciones populares, sino que debemos establecer un proceso de vigilancia y colaboración permanente con las autoridades para mejorar nuestras vidas. El poder público es ejercido por los gobernantes electos y nombrados, pero ese ejercicio puede y debe ser supervisado por los ciudadanos para cuyo bienestar existen las instituciones de gobierno.

Bajo mi apreciación, la primera consulta popular nacional no fue un éxito, tampoco un fracaso. Fue un ejercicio. Un ejercicio público que debe ser analizado por gobernantes y ciudadanos para identificar los errores y los puntos de mejora. Un ejercicio que conforme sea más difundido y practicado será más representativo. Como cualquier ejercicio, la consulta pública requiere adiestramiento y capacitación tanto de las instituciones como de los ciudadanos. Lo importante es no perder de vista su propósito y hacer uso de él cuando sea oportuno para favorecer la deliberación de ideas y la toma de decisiones conjuntamente como Estado nacional.

Pienso que ahora puedes emitir tu propia opinión sobre la importancia de la consulta popular, con independencia de tu filiación ideológica o simpatía partidista. Al final, así se construye la democracia.

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COLUMNA

Desde Lincoln’s Inn Fields: el adiós a Citibanamex

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En 2001 una noticia retumbó por todo lo alto en el mercado financiero nacional, esta fue que el grupo estadounidense Citigroup anunciaba la compra de Banamex a Roberto Hernández y Alfredo Harp por un monto superior a los $12 mil millones de dólares. Veinte años después el grupo de origen neoyorkino vuelve a dar la campanada, pero por ofertar la venta de lo que ahora conocemos como Citibanamex en su segmento de banca minorista.

En lo que llevamos de la década del 2020, Citigroup es la tercera o cuarta institución financiera que decide abandonar en parte o del todo su operación en México. A lo cual los especialistas responden que son movimientos naturales de los corporativos globales, quienes están dejando de encontrar negocio en este segmento bancario en nuestro país y prefieren apuntar a la banca patrimonial, privada y de inversión.

Mencionan también el hecho de legislaciones nuevas y esquemas menos voraces con el mercado de consumo, señalando que años atrás las comisiones eran un lucro exacerbado de la banca a nivel de calle. Viviendo ahora bajo un marco regulatorio más equitativas y hasta con dos tres intentos de control autoritario del sistema bancario, los bancos se ahuyentan al diluirse las condiciones para generar utilidad en la operación comercial.

Otra mención que hacen los especialistas al evaluar este escenario es el flujo de inversiones hacia otros mercados emergentes que superan por mucho el desempeño de la economía mexicana, encontrando oportunidades a resguardo en títulos nacionales como los que ofrece y capta el mercado asiático.

Será el sereno y pese a las declaraciones del secretario de Gobernación y de la Secretaría de Hacienda puntualizando que la venta del banco no es signo de preocupación, el momento que vivimos no da para creer en una versión confiable sobre lo que está pasando macroeconómico en el país.

Seguimos enfrentando una inflación constante que el gobierno central intenta ensombrecer con la generación de empleos superfluos e incrementos artificiales al salario mínimo. Contemos también la endeble respuesta que se ha encontrado en el alza de tasas de referencia por parte de bancos centrales y de nuevo, no dejemos de observar la cantidad de inversiones que se han fugado de nuestro territorio que alcanzan registros históricos y en el cálculo de balances, neutralizan los ingresos nuevos que además son desviados a proyectos infructuosos como el rescate de Petróleos Mexicanos. Mantengan esta cifra en mente: $500 mil millones de pesos se han ido de México en este par de años de pesadilla.

Sobre el terreno de la incredulidad se inserta esta noticia. Yo en lo personal lo lamento muchísimo ya que he crecido con Citibanamex como mi institución financiera de confianza desde el inicio de mi vida adulta-profesional. En esta institución apertura mi primera línea de crédito, entre sus servicios me enseñé a administrar un patrimonio personal y competir conmigo mismo para mejorar mi perfil de cuentahabiente ascendiendo en segmentos desde la Maestra hasta Priority, intentando afianzar una seguridad social privada ya que sé que a mí generación no le depara una cobertura razonable de seguridad social pública.

Triste, en verdad triste noticia la salida de Citigroup y el destino que le depara al Banco Nacional de México en los meses por venir. Ojalá encuentre nuevos propietarios que cuando menos, quieran darle continuidad al legado centenario de este banco. Imagino ya la migración obligada a una institución que no me genere la misma satisfacción o en el peor de los casos, este evento sirva para empoderar grupos empresariales de cuestionable ética comercial y social, que al amparo del régimen en que vivimos, están consiguiendo una expansión carente de virtud.

Adíos Citibanamex, difícilmente tu partida se podrá interpretar como signo de mejora en la deriva en que se encuentra nuestro país.

#LaCiudadqueQuiero

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