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ECONOMÍA Y FINANZAS

En los ingresos de los trabajadores, las otras secuelas del Covid-19

PERCEPCIONES CAYERON HASTA 10% AL AÑO PASADO

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Las personas que conservaron su empleo el año pasado en la pandemia recibieron un ingreso 10% menor al que tenían antes de la pandemia de Covid-19, de acuerdo con el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). En tanto, según los resultados de la Medición de pobreza 2020, quienes laboran de manera independiente ganaron 9.1% menos.

A principios de este mes, el Coneval, presentó las estimaciones de la pobreza multidimensional. Al dar a conocer los resultados, José Nabor Cruz, secretario ejecutivo del organismo, dio a conocer que la población en pobreza aumentó de 41.9 a 43.9% entre 2018 y 2020, lo que implica un aumento de 3.8 millones más de personas en esta condición, al pasar de 51.9 a 55.7 millones de personas en dicho periodo.

En tanto, la población en pobreza extrema pasó de 7 a 8.5 por ciento. Es decir, se incrementó en 2.1 millones de personas, al aumentar de 8.7 a 10.8 millones.

Casi todas las fuentes de ingreso de los hogares tuvieron una disminución, excepto una: transferencias monetarias. Todas esas fuentes están agrupadas en el indicador Ingreso Corriente Total Per Cápita (ICTPC), y éste se redujo 6.9% entre 2018 y 2020.

“Las remuneraciones por trabajo subordinado siguen siendo las de más relevancia” dentro del ICTPC, dijo Nabor Cruz. Y mientras éste bajó hasta 10%, el dinero que ingresó a los hogares mediante transferencias monetarias sociales —tanto públicas como privadas—creció 16 por ciento.

Esas transferencias son por jubilaciones, pensiones, remesas, apoyos gubernamentales y donativos de instituciones, entre otras, detalló el funcionario. Gracias a esos montos hubo una contención de la pobreza. Sin ellas, la pobreza no hubiera incrementado a 43.9%, sino a 45.9 por ciento. Y la pobreza extrema hubiera rebasado al 10% de la población, pues no hubiera quedado en 8.5%, sino en 12.8%, señaló.

Sin embargo, el ingreso laboral, el dinero que la gente gana por su trabajo “es un componente importantísimo del ingreso total. No hay transferencia ni mecanismo indirecto posible que pueda sustituir la capacidad de generación de ingreso no precario de las personas”, señaló en entrevista Claudia Maldonado Trujillo, consejera académica del Coneval.

Hay más, pero mal distribuido
De acuerdo con el informe, la remuneración de quienes tienen un trabajo subordinado pasó de 3,044 a 2,731 pesos mensuales entre 2018 y 2020, una reducción de 10 por ciento. En tanto, los ingresos laborales de quienes trabajan por su cuenta pasaron de 436 a 396 pesos en el mismo periodo, una baja de 9.1 por ciento.

En contraste, el ingreso por transferencias monetarias presentó un incremento de 16.2%, al pasar de 639 a 743 pesos.

“El ingreso laboral es el rubro más importante del ingreso de los hogares en México en todos los deciles”, apuntó la doctora Claudia Maldonado. “Eso supone que enfrentar el desafío de la recuperación pasa necesariamente por políticas y estrategias que promuevan el incremento del ingreso de los hogares”, agregó.

Uno de los hallazgos de la investigación es que a la par del crecimiento de las transferencias hubo una disminución en su progresividad. Eso quiere decir que “hay mayores montos” de apoyos, pero su capacidad para llegar a las personas que menos ingresos tienen es menor, explicó.

“Es necesario asegurarnos que esas transferencias puedan, efectivamente, llegar de manera prioritaria a los más pobres, a los primeros deciles de ingreso”. No tienen que dejar de ser apoyos universales, “tiene que ver con hacer el esfuerzo de ir a buscar a estos niveles de ingreso para ofrecer un poco de protección social”.

Entonces, el gran reto que enfrenta el país es asegurar “la atención prioritaria a los grupos históricamente discriminados, en desventaja, y a aquellos que fueron afectados por la pandemia”.

Es decir, los mayores niveles de pobreza han estado siempre en el ámbito rural, comenta. Según los resultados de la medición, la población rural —que no significa que sea indígena— presentó una disminución en la pobreza, al pasar de 57.7 a 56.8% entre 2018 y 2020.

Para el caso de las personas que hablan una lengua indígena, en 2018 el 75.8% de ellas vivía en pobreza; para 2020 fue el 76.8 por ciento.

Pero mientras la pobreza en la población rural disminuyó, en la población urbana aumentó 3.3 puntos porcentuales, al pasado de 36.8 a 40.1% entre 2018 y 2020. “El crecimiento más importante de la pobreza se dio en las zonas urbanas y muchos programas no estaban diseñados para atender a esos grupos, porque la incidencia es mayor en la población rural”, detalló la especialista.

Una ventana al futuro
Cada dos años, por mandato de ley, el Coneval mide la pobreza nacional y cada cinco, la de los municipios. “La definición de pobreza multidimensional, las fuentes de información y las características generales son las mismas de siempre”, comenta la consejera. Pero esta vez hay dos situaciones distintas a las anteriores mediciones.

La primera es que el Coneval “inicia una nueva serie con ajustes a los umbrales”, una modificación que se decidió antes de la actual administración federal. Por lo tanto, “podemos comparar 2018 con 2020, pero no con 2016 o 2014”.

La otra, por supuesto, el Covid-19. “Éste es un levantamiento muy especial porque ocurre en una pandemia, es información clave, una fotografía en un momento crítico para el país y el mundo”.

De acuerdo con la profesora investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), otros de los grupos prioritarios de atención es el de las niñas, niños y adolescentes. El Coneval indica que el rezago educativo aumentó 0.25 puntos porcentuales.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido el riesgo del aumento en el trabajo infantil a consecuencia del cierre de escuelas por la pandemia y el abandono escolar de la población infantil. Y también estima que por cada punto que aumenta la pobreza, el trabajo infantil incrementa 0.7 por ciento.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido el riesgo del aumento en el trabajo infantil a consecuencia del cierre de escuelas por la pandemia y el abandono escolar de la población infantil. Y también estima que por cada punto que aumenta la pobreza, el trabajo infantil incrementa 0.7 por ciento.

Otra de las preocupaciones es que la carencia por acceso a los servicios de salud pasó de 16.2 a 28.2% entre 2018 y 2020, en medio de una pandemia. Y la población con seguridad social disminuyó 1.4 por ciento.

Lo que se presenta en los resultados de la medición, dice, “es una primera ventana para ver todo lo que tendremos que resolver en el futuro, como consecuencia no sólo de la pandemia, sino de nuestras fragilidades estructurales y de las decisiones de gobierno”.

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