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OPINION

Hoy nos toca… Hablar del grito de la independencia ¿Por qué gritamos?

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#OpiniónEnRed #HoyNosToca… #JesúsFranciscoRamírezBañuelos Reflexionar las razones por las cuales dar con orgullo el grito es importante y la opinión de Francisco Ramírez.

Por Jesús Francisco Ramírez Bañuelos.

Twitter: @ramirezbanuelos.

Pocos eventos son tan representativos de la mexicanidad como el Grito de Independencia. La noche del 15 de septiembre ha sido, al menos desde el porfiriato, un momento de alegría compartido casi unánimemente por todos los mexicanos dentro y fuera de nuestras fronteras. Hoy nos toca reflexionar sobre la importancia de este hecho para la construcción de nuestro país.

Nuestra historia muestra las enormes dificultades que hemos tenido para mantenernos como una nación políticamente independiente. Veamos primero, el ámbito territorial. El territorio que ahora conocemos como México fue ocupado desde hace milenios por diversos grupos de pobladores que aprovecharon su riqueza natural y su ubicación geográfica privilegiada para formar florecientes civilizaciones que compitieron entre sí por dominar la región intermedia: Mesoamérica. Con la llegada de los castellanos, a este territorio se añadieron algunas porciones sureñas de Aridoamérica y otras igualmente meridionales de Mesoamérica hasta llegar a la península de Nicoya, en la actual Costa Rica. Ambos extremos al pasar los años fueron cedidos, vendidos o bien se declararon independientes, con lo cual México fue delimitando sus límites hasta llegar a lo que ahora conocemos como la república mexicana.

En cuanto al factor del poder, se trata de uno de los problemas históricos de México. La distribución del poder en todos sus ámbitos (político, social, económico) ha significado una disparidad en la forma de vida de las personas y ha derivado en abusos de los poderosos en detrimento de los vulnerables. A pesar de ello, la mexicanidad creída y creada ha permitido la unidad en un proyecto mínimo común: la preservación de la nación.

Alrededor de la idea nacional, México, como muchos otros países, ha recurrido a la construcción de una narrativa de heroínas, héroes y villanos y una que otra villana que en últimas fechas ha causado profundas divisiones entre la población. Ningún extremo es verdadero, es decir, ni los heroínas y los héroes son santos, ni los villanos y villanas son demonios. Todos fueron mujeres y hombres de su tiempo que actuaron de acuerdo con sus circunstancias. Pero, lo que es innegable es que ni los primeros ni los segundos tuvieron la intención de destruir a su país. Ese país que nos heredaron y ahora nosotros tenemos responsabilidad de conservar.

Por otra parte, está la población mexicana. Plural, diversa, mestiza, pero también indígena y afrodescendiente. Los mexicanos somos una mezcla de razas —como pocos lugares en el planeta— que en conjunto se presenta como un mosaico de colores. Sincretismo cultural y religioso. Valores universales y profundamente regionales. México es sin lugar a dudas, su población. Ni el poder, ni el territorio definen tan claramente lo que es México como lo hace su gente. La de ayer, la de hoy y la de mañana.

El grito es en sí mismo una acción liberadora. Gritar por la independencia es una redundancia emotivamente catártica para los pueblos. Según el diccionario de la lengua española —esta lengua que nos fue impuesta, pero también aceptada en su variante mexicana—, gritar es la “Manifestación vehemente de un sentimiento colectivo”. En otras palabras, el grito es la expresión de un grupo amplio de personas, en este caso de gran parte de la población mexicana que emite con fuerza sus afectos, sus anhelos y sus esperanzas, pero también sus temores y sus angustias.

El Grito de Independencia mexicano es la manifestación concreta de los éxitos y fracasos de la construcción nacional. Un momento en el que todos los mexicanos nos unimos para recordar a las heroínas y héroes nacionales —convenientemente enlistados de acuerdo con las filias y fobias del político gritón— y honrar su memoria. Sin embargo, detrás de cada heroína y héroe nacional hay miles o cientos de miles de personas que en su tiempo y en su condición —esclavos, criollos, peones, ingenieros, campesinos— han buscado que nuestro país sea visto internacionalmente como una nación capaz de construir su propia realidad.

Hoy, ante la condición pandémica en que vivimos, te invito a reflexionar sobre la importancia del Grito de Independencia para nuestro país. Un grito para recordar el pasado, pero también para proponer el futuro. En mi opinión, el valor del Grito de Independencia está en la capacidad de unión de todos los mexicanos en una idea común: la supervivencia de nuestro país. Por eso, no solo gritemos, también actuemos conjuntamente para que ¡Perviva México!

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