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Desde Lincoln’s Inn Fields: el adiós a Citibanamex

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En 2001 una noticia retumbó por todo lo alto en el mercado financiero nacional, esta fue que el grupo estadounidense Citigroup anunciaba la compra de Banamex a Roberto Hernández y Alfredo Harp por un monto superior a los $12 mil millones de dólares. Veinte años después el grupo de origen neoyorkino vuelve a dar la campanada, pero por ofertar la venta de lo que ahora conocemos como Citibanamex en su segmento de banca minorista.

En lo que llevamos de la década del 2020, Citigroup es la tercera o cuarta institución financiera que decide abandonar en parte o del todo su operación en México. A lo cual los especialistas responden que son movimientos naturales de los corporativos globales, quienes están dejando de encontrar negocio en este segmento bancario en nuestro país y prefieren apuntar a la banca patrimonial, privada y de inversión.

Mencionan también el hecho de legislaciones nuevas y esquemas menos voraces con el mercado de consumo, señalando que años atrás las comisiones eran un lucro exacerbado de la banca a nivel de calle. Viviendo ahora bajo un marco regulatorio más equitativas y hasta con dos tres intentos de control autoritario del sistema bancario, los bancos se ahuyentan al diluirse las condiciones para generar utilidad en la operación comercial.

Otra mención que hacen los especialistas al evaluar este escenario es el flujo de inversiones hacia otros mercados emergentes que superan por mucho el desempeño de la economía mexicana, encontrando oportunidades a resguardo en títulos nacionales como los que ofrece y capta el mercado asiático.

Será el sereno y pese a las declaraciones del secretario de Gobernación y de la Secretaría de Hacienda puntualizando que la venta del banco no es signo de preocupación, el momento que vivimos no da para creer en una versión confiable sobre lo que está pasando macroeconómico en el país.

Seguimos enfrentando una inflación constante que el gobierno central intenta ensombrecer con la generación de empleos superfluos e incrementos artificiales al salario mínimo. Contemos también la endeble respuesta que se ha encontrado en el alza de tasas de referencia por parte de bancos centrales y de nuevo, no dejemos de observar la cantidad de inversiones que se han fugado de nuestro territorio que alcanzan registros históricos y en el cálculo de balances, neutralizan los ingresos nuevos que además son desviados a proyectos infructuosos como el rescate de Petróleos Mexicanos. Mantengan esta cifra en mente: $500 mil millones de pesos se han ido de México en este par de años de pesadilla.

Sobre el terreno de la incredulidad se inserta esta noticia. Yo en lo personal lo lamento muchísimo ya que he crecido con Citibanamex como mi institución financiera de confianza desde el inicio de mi vida adulta-profesional. En esta institución apertura mi primera línea de crédito, entre sus servicios me enseñé a administrar un patrimonio personal y competir conmigo mismo para mejorar mi perfil de cuentahabiente ascendiendo en segmentos desde la Maestra hasta Priority, intentando afianzar una seguridad social privada ya que sé que a mí generación no le depara una cobertura razonable de seguridad social pública.

Triste, en verdad triste noticia la salida de Citigroup y el destino que le depara al Banco Nacional de México en los meses por venir. Ojalá encuentre nuevos propietarios que cuando menos, quieran darle continuidad al legado centenario de este banco. Imagino ya la migración obligada a una institución que no me genere la misma satisfacción o en el peor de los casos, este evento sirva para empoderar grupos empresariales de cuestionable ética comercial y social, que al amparo del régimen en que vivimos, están consiguiendo una expansión carente de virtud.

Adíos Citibanamex, difícilmente tu partida se podrá interpretar como signo de mejora en la deriva en que se encuentra nuestro país.

#LaCiudadqueQuiero

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Desde Lincoln’s Inn Fields: la cuarta ola sobre un océano de problemas

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Cuando Ómicron apareció nuevamente se encendieron las alarmas en cada rincón del planeta por el temor de volver a ver crecer las cifras de contagios y hospitalizaciones. De ese par de fobias, se manifestó únicamente el contagio, dada la característica de esta variante de transmitirse con mayor facilidad, aunque de una letalidad menor a la variante Delta.

Ahora viene el turno de Flourona conforme al abecedario griego (sin nu ni xi), elegido por la Organización Mundial de la Salud para la nomenclatura de las mutaciones del covid. Anticipar su alcance es una interrogante tanto como el comportamiento genético del propio virus, no obstante, una bien definida cuarta ola terminó azotando regiones en Europa, África y América de Norte donde las restricciones + confinamiento volvieron a ser la respuesta de gobiernos y sociedades durante los días festivos de fin de año.

Esto ha sido una cuarta ola que recorre un océano de problemas globales que el cambio del dígito en el calendario parece no modificar de fondo la inercia que arrastra arrastramos desde 2019 – 2020. En este inicio de año, ¿qué nos preocupa más? De acuerdo con estudios demoscópicos presentados a lo largo del año pasado, el impacto que la pandemia tuvo en otros temas es lo que prevalece en la psique de los mexicanos al momento de aprehender sus preocupaciones.

Además del anhelo por conservar un estado saludable para ellos y sus familiares, el temor al desempleo en combinación con variables asociadas a un desempeño económico miserable es lo que nos está generando ansiedad. La recesión global se sintió fuerte en todas las latitudes y en todos los oficios, sin embargo, ya habiendo superado el segundo año de la era covid, existen países que han realizado esfuerzos francos por recuperar el dinamismo en sus economías, partiendo de una oportuna ayuda (transferencia) en los momentos más estrictos del aislamiento.

Endeudamiento público para inyectar liquidez, liberalización de mercados, restablecimiento de intercambios comerciales, relajación en las políticas fiscales, incentivos para el empleo, son parte de una gama de opciones (mas no fórmulas) que los tomadores de decisión en el planeta han barajado para lidiar con la secuela de una parálisis global en todo sentido.

Ciertamente estas opciones han sido cuestionables al momento en que las olas vuelven a golpear, obligando a esos grandes decisores a optar entre la contención de los contagios o truncar la normalización de la macroeconomía. Pero bien o mal, se ha fijado un rumbo congruente con lo que dicte el sentido común.

En México el testimonio al respecto de esto ya es historia conocida. Tenemos un gobierno central que dejó a su suerte desde el gran empresario hasta el emprendedor de barrio, a los profesionistas que comenzaron a perder empleo o a continuar no encontrándolo desde 2019, y uno que oficial e institucionalmente desestimó el alcance de la enfermedad declarando en su momento que alcanzar las 60 mil muertes sería una -catástrofe- (dijo Hugo López Gatell).

Iniciando el 2022, los registros (que de por sí cargan con un matiz de subregistro) indican que hemos llegado a los 300 mil fallecimientos con 4 millones de personas contagiadas… si lo primero era catastrófico desconozco qué adjetivo merece ahora.

No conforme con lo anterior, la economía nacional no va bien. No estaba bien antes de la pandemia y después de ella sigue siendo un rendimiento mediocre a lo mucho. Pocos recuerdan la pérdida de empleos que se tuvo en sincronía con la inauguración de la cuatro te y con cada anuncio fastuoso de recuperación (más bien registro) de empleos en la seguridad social, los agentes del oficialismo omiten los empleos que deben llenar el hueco de la pérdida además de completar los espacios nuevos que la demanda de ocupación trae consigo cada año.

Otro indicador que tampoco mencionan a cabalidad es el balance entre la inversión que entra al país y la que sale. Cada tanto aparecen las titulares de la economía o energía a relatar cifras alegres sobre los ingresos en forma de inversión. Sí, pero cuánta otra no ha escapado no sólo de del país sino de la región que sigue amarrada a la filia de liderazgos populares en los que la gente deposita expectativas alejadas de cualquier grado de sensatez.

Ya ni para qué involucrar el barril sin fondo que representa dilapidar dinero público en Petróleos Mexicanos; a la inflación galopante por la que no se responsabilizan e intentan encubrir con decretazos de aumento en el salario mínimo; a quienes ponderan la estrategia (terrorista) de fiscalización que sostiene la hacienda federal por mejorar el esquema de tributación ampliando el ingreso; ni la llegada de legislaciones que ahora quieren sangrar a las alternativas de empleo de reparto (plataformas), si bien subcontratado, es más formal que la acostumbrada apropiación del espacio público y a la cual ofrecen consideraciones para mantenerse depredando a las ciudades.

La década de 2020 está iniciado como un océano de problemas que recorren las olas interminables de esta maldita enfermedad. Para hacer frente a este año necesitaremos el carácter suficiente para resistir y adaptarnos como hasta ahora hemos hecho, sobrevivir es el mayor reto que enfrentamos como especie.

Que la esperanza siga viva para poder lograrlo.

#LaCiudadqueQuiero

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