enero 30, 2023

Hoy nos toca…hablar de la elección del presidente de la SCJN

por Jesús Francisco Ramírez Bañuelos

Twitter: @ramirezbanuelos

Ayer ocurrió un hecho inédito en la SCJN. Hoy nos toca…hablar de la elección del nuevo presidente de la Corte.

Este año inició con noticias que extraordinariamente llamaron la atención del público en general. Una de ellas, fue la elección del nuevo presidente de la Suprema Corte. En esta ocasión, el evento estuvo enmarcado en un proceso mediático importante que fue ampliado por la participación del presidente de la República.

La importancia del evento se magnificó por el morbo surgido con relación a los hechos que señalaban la posible elección de una ministra envuelta en un escándolo político-universitario.

Los medios centraron su atención en la ministra Esquivel Mossa. Sin embargo, luego de una primera ronda de votación extremadamente sintomática de la realidad del país se advirtió que la Corte está fracturada. Si tomamos en cuenta que la Corte está integrada por 11 ministras y ministros, de los cuales 1 (el presidente saliente) no era elegible y se postularon 5 candidatos, entonces tenemos que la mitad de los integrantes de la SCJN aspiraban a ser presidente.

Sí, la Corte está dividida. Este es el análisis que ha pasado desapercibido entre la ocurrencia de un hecho histórico como lo fue la primera elección de una mujer como presidente y la descontextualizada batalla de los poderes “fácticos” (en el mensaje de Esquivel Mossa), así como de los formales, encabezados por el propio presidente de la República. No se trataba de una elección de liberales y conservadores como se pretendió hacer ver. La elección de la Corte significaba la cohesión de las ministras y ministros que finalmente constituyen un “cuerpo” colegiado. Esta elección demostró que tal cuerpo no existe. Lo que sí hay son miembros desarticulados que aspiran a figurar individualmente.

La elección de la Corte necesitó 3 votaciones. La primera, mostró que el Poder Judicial está dividido, veamos:

3 votos a favor de la ministra Piña Hernández;

2 votos a favor de la ministra Esquivel Mossa;

2 votos a favor del ministro Gutiérrrez Ortiz Mena;

2 votos a favor del ministro Laynez Potisek; y

2 votos a favor del ministro Pérez Dayán.

Por cierto, esta votación también refleja que la Corte interpreta la norma conforme los intereses convienen. Digo esto porque el artículo 32 del Reglamento Interior de la SCJN exige que para resultar electo un nuevo presidente debe contar con al menos 6 votos y que en caso de no lograrlos en la primera votación se realizará una segunda votación en la que “…sólo participarán como candidatos los Ministros que hayan obtenido en la primera ronda el mayor número de votos…”. Es decir, conforme la interpretación literal del artículo mencionado, en la segunda votación únicamente debía haber participado la ministra Piña Hernández que fue quien obtuvo la mayoría de los votos. Sin embargo, la interpretación del presidente decano Aguilar Morales fue la de permitir que los 4 candidatos restantes perdedores siguieran contendiendo.

La segunda votación fue lapidaria, los resultados fueron:

5 votos a favor de la ministra Piña Hernández;

5 votos a favor del ministro Gutiérrrez Ortiz Mena; y

1 voto a favor de la ministra Esquivel Mossa.

En esta ocasión, sí se interpretó literalmente la norma y se descalificó a la ministra Esquivel Mossa que obtuvo el menor número de votos, solo 1 (presumiblemente el suyo).

La tercera y última votación arrojó como resultado la elección de la ministra Piña Hernández con 6 votos a favor frente a 5 votos a favor del ministro Gutiérrez Ortiz Mena.

En mi opinión, el resultado de esta elección no muestra que el presidente de la República haya perdido, tampoco que la oposición haya ganado. Pienso que lo que vemos es una Corte dividida, que está sujeta al influjo externo que fue capaz de modificar la simpatía de las ministras y ministros hacia sus amigas y amigos como se había perfilado en la votación inicial.

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