agosto 8, 2022

Hoy nos toca…Reflexionar sobre la corrupción

por Jesús Francisco Ramírez Bañuelos

Twitter: @ramirezbanuelos

La corrupción es un tema de discusión constante en México. Hoy nos toca… reflexionar sobre nuestra posición como sociedad frente a este grave problema.

El fenómeno de la corrupción no es nuevo en nuestro país. Hay posturas que señalan que su origen está en el proceso colonizador castellano cuando los indígenas y mestizos buscaban ascender socialmente a cualquier costa. En todo caso, lo cierto es que ha sido un tema permanente en la agenda social mexicana. Al día de hoy, no hemos podido acabarlo.

No pretendo dar aquí una solución al problema. A fuerza de ser sincero, no la tengo. Mi intención en este espacio es reflexionar sobre uno de los puntos, en mi opinión fundamental, por los que este problema se ha perpetuado en México.

Empecemos realizando un análisis conceptual. La corrupción se define como el acto de corromper o corromperse (RAE, 2022). Esto es, el fenómeno tiene dos dimensiones: 1) la activa; y 2) la pasiva. La primera, es aquella en la que la persona es quien corrompe y por tanto es corrupta. La segunda, es en la que el corrupto es el que permite ser corrompido. Evidentemente, al ser una acción que requiere al menos dos personas, en uno y otro caso hay al menos una persona corruptora y otra corrompida.

Ahora bien, ¿qué significa corromper? Es deteriorar o dañar algo, cambiar la forma; o bien, en términos directamente aplicables a las funciones públicas sobornar a alguien con alguna dádiva para que haga o deje de hacer algo contra la ley. Entonces, nos damos cuenta que la corrupción se concretiza en la inaplicación o fraude en la ejecución de lo que señala la ley.

A partir de este análisis podemos coincidir en que una respuesta simplista consistiría en señalar que la corrupción se terminaría si aplicaramos la ley correctamente. El problema se complejiza cuando advertimos que la ley puede ser interpretada de distintas maneras, según la escuela jurídica de que se trate e incluso según el interés que se persiga por el intérprete. Aun los jueces tienen un margen de interpretación tan amplio que puede llevar a que en casos similares un juicio se resuelva de una forma y otro diametralmente de forma distinta.

¿Entonces qué nos queda?

En mi opinión la corrupción debe ser analizada desde un punto de vista mucho más sustancial que social. Es decir, si queremos terminarla no debemos estudiarla como un fenómeno únicamente social sino también físico. En otras palabras, para solucionar el problema de la corrupción debemos impedir que se altere la forma de las cosas. Y es el parámetro de esa alteración el que tiene un aspecto social. O sea, la alteración corruptora es la que afecta a la sociedad en su conjunto. Aquí, la ley se torna compatible al disponer que el interés social es el que debe prevalecer en cualquier asunto jurídico, excepto en los que únicamente se trate de intereses privados y siempre y cuando todos los intervinientes actúen en igualdad de condiciones.

¿Una tentativa de abordaje errónea al problema de la corrupción?

Normalmente escuchamos en los discursos políticos y algunos de la sociedad civil que la pretensión en México es combatir la corrupción. Sin embargo, en mi consideración esta perspectiva es equivocada.

¿Por qué? Fundamentalmente, porque combatir no significa que queremos acabar con el problema sino únicamente atemperarlo, disminuirlo o impedir que se siga difundiendo. Sí, es verdad que una primera etapa consiste en realizar acciones para que el problema no continúe y vaya cediendo paulatinamente.

Pero, nuestro propósito no puede quedar en su disminución. Por el contrario, debemos trabajar todos y cada uno de nosotros en nuestro ámbito de acción e injerencia para que la corrupción no esté presente en lo que hacemos o no hacemos.

¿Cómo nos daremos cuenta si lo estamos consiguiendo? Una pregunta sencilla es si eso que hacemos o dejamos de hacer daña a la sociedad en general. Por ejemplo, si dejo libre los espacios reservados en los estacionamientos cuando no soy una persona que los necesita; o si recojo de la calle una bolsa de basura que yo no tire. Son múltiples las posibilidades de casos. Lo importante es cuestionarnos si nuestras acciones u omisiones alteran la forma de las cosas en perjuicio de la sociedad, si la respuesta es afirmativa, entonces estamos siendo corruptos.

Pienso que la forma más adecuada de solucionar la corrupción no es combatiéndola, si no erradicándola. Y, si te preguntas qué significa erradicar, es quitar de raíz. Solucionar la corrupción entonces pasa por eliminar las causas por las que cada uno de nosotros daña el interés social.

Por tanto, considero que es justo proponer ¿y si en lugar de combatir la corrupción, la erradicamos? ¿qué opinas?

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