diciembre 9, 2022

Hoy nos Toca…hablar de la donación de órganos

Por Jesús Francisco Ramírez Bañuelos

@ramirezbanuelos

¿Donar o no donar órganos? Hoy nos Toca… hablar de la iniciativa de reforma a la Ley General de Salud en materia de donación de órganos.

Primero, donar es el acto voluntario entre vivos por el cual una persona transfiere gratuitamente a otra un bien. En este sentido, un acto posterior a la muerte no es técnicamente una donación, sino una decisión que hace una persona sobre su cuerpo para después de la muerte.

Segundo, como se ve en el anterior concepto de donación. Es necesario que haya voluntad del donante para disponer de sus órganos. Cuando no hay voluntad, no hay donación. Habrá posiblemente una obligación legal, pero no un acto de donación.

Salvando las incorrecciones técnicas, la discusión actual surge respecto a la iniciativa de reforma legal a la Ley General de Salud para que toda persona sea un “potencial donante obligado”, de cuyo cuerpo se pueda disponer al ocurrir su fallecimiento, sin haber consentimiento previo.

En mi opinión esta iniciativa tiene dificultades jurídicas. ¿Por qué? Porque invierte el principio de autonomía de la voluntad. Es decir, ahora las personas tendríamos que dejar por escrito de manera indubitable que no queremos donar nuestros órganos después de nuestra muerte.

No cuestiono aquí la loable decisión de una persona de donar sus órganos. Lo que, en mi opinión, es problemático es que se presuma el consentimiento de tal donación salvo prueba en contrario. En otras palabras, la excepción sería la voluntad expresa de las personas, la regla se convertiría en la aceptación tácita.

Una formulación legal así requiere una sociedad informada, consciente, igualitaria, en paz. México no tiene una sociedad de este tipo. Lo que se estaría ocasionando es una transmisión de nuestras decisiones post mortem a las autoridades involucradas en el momento en que se determine utilizar los órganos de un cadáver.

Sí es cierto, la personalidad jurídica termina con la muerte. Pero nuestro derecho reconoce efectos jurídicos a decisiones que tomemos por acciones u omisiones en vida y que tengan efectos después de nuestra muerte. Parece que ese espectro de “libertad eterna” tiende a reducirse.

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