La Plaza de Toros El Relicario, en Concepción de Buenos Aires, fue escenario de una tarde histórica que quedará marcada en la memoria de la afición jalisciense. Con lleno total en los tendidos, el festejo conjugó la elegancia del rejoneo y la entrega de la lidia a pie, en una jornada donde el arte y el valor se impusieron de principio a fin.
El festejo abrió con el rejuvenecer de la cantera, encabezado por el becerrista Alejandro Avelar, quien regresó a su tierra tras una exitosa gira por ruedos peruanos. Frente a una becerra de Chinampas, el joven torero mostró madurez, variedad y buen gusto en los tres tercios. Su actuación conectó de inmediato con el público, que reconoció su entrega con el corte de dos orejas simbólicas, dejando un grato sabor de boca y grandes expectativas sobre su proyección.
La magia llegó a caballo con el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, quien volvió a dictar cátedra. En su primer toro de Chinampas, bravo y con transmisión, cuajó una faena de alto nivel que fue premiada con dos orejas y rabo. En su segundo turno, ante otro astado de la misma ganadería, fue de menos a más, logrando someter al burel y arrancar una oreja, ante una plaza completamente entregada.
El poderío tapatío se hizo presente con Julián Garibay, quien dio un golpe de autoridad en su plaza. A su primero de San Constantino, un toro que permitió el lucimiento, lo toreó con firmeza y sentido artístico para cortar una oreja. Sin embargo, fue en el cierre del festejo donde el jalisciense se volcó por completo: con un toro de gran juego, aplaudido en el arrastre, Garibay se mostró variado con el capote y profundo con la muleta, metiendo al público en la faena y coronando su actuación con el corte de dos orejas.
Al final del festejo, Alejandro Avelar, Pablo Hermoso de Mendoza y Julián Garibay salieron a hombros, en medio de la ovación, sellando una tarde de triunfo que confirma la vigencia y la pasión taurina en El Relicario.